Décadas de educación colapsada pero la culpa es de Milei
Nadie se hace cargo de la paternidad del colapso
Treinta años de exitoso fracaso
En su artículo en Clarín, Susana Decibe, (quien se autopresenta como ex Ministra de Educción, Miembro del Club Político Argentino y de la Coalición de la Educación) responde a mis ideas sobre la Ley de Libertad Educativa señalando mi ignorancia, mi pobreza académica y mi paso por el sindicato docente. Confieso que tiene toda la razón: soy ignorante, soy un académico pobre y además participé en CTERA: creo seguir afiliado. Y todo el mundo reconoce que Susana fue una gran ministra de Educación. Aclarados los dimes y diretes personales, vamos a las ideas.
Mi nota no analizaba el proyecto en profundidad (incluso adelantaba que muchos artículos deberían ser reescritos, cosa que en parte sucedió) sino que mi preocupación era, y es, el enfoque de quienes critican: antes que el debate del contenido, me interesa la influencia de la legislación vigente en el colapso educativo argentino y cómo condiciona cualquier intento de mejora.
Mi argumento es que la Ley Federal de Educación de los 90 y la Ley Nacional de 2006 se acordaron para reorganizar la oferta como un verdadero sistema que asegurara un piso de calidad y equidad en todo el territorio, distribuyendo responsabilidades entre la Nación y las provincias. Este es también el argumento de la ex ministra (en itálicas, copié su texto). Es decir, coincidimos en que ese formato existe desde el menemismo: tres décadas de continuidad.

Muy esquemáticamente, desde 1993 la educación argentina se gobierna:
a) Con un ministerio nacional sin escuelas que coordina, asesora y financia con mucha o poca plata a las provincias .
b) Con provincias que toman de decisiones “bajando” (es la palabra de uso) políticas, proyectos, planes y programas hacia escuelas estatales que son terminales de esas jerarquías y a escuelas privadas (a veces financiadas parcialmente por la Provincia) con un margen de maniobra para la toma de decisiones tremendamente más grande que las estatales
Esa organización del gobierno no podría no haber incidido en el colapso, y ahí reside mi reproche a las notas que había leído: ese silencio ruidoso respecto de cómo y por qué llegamos hasta acá. En el caso de la Lic. Decibe, mi reproche es mayor, porque su nota es la única -hasta donde sé- que convalida explícitamente la continuidad normativa.
Lo pongo fácil: quienes hemos formado parte de la gestión educativa ¿tenemos algo que ver con el colapso de la educación? No refiero a cuestiones personales (no es mi estilo), sino a la arquitectura política post-1993 y a nuestra responsabilidad al no cambiarla. Asumo la parte que me toca.
El problema es que Milei rompe la continuidad menemista-kirchnerista-macrista y propone un nuevo esquema de poder educativo, con funciones diferentes para el Estado, los docentes, las familias y las escuelas. Sostengo que se trata de un cambio copernicano porque la escuela supera al centro estatal en el sistema de toma de decisiones pedagógicas. Cambia el eje de la decisión.
Me complace que la ex ministra adhiera a lo que sostengo desde hace décadas: una verdadera revolución copernicana implicaría “descentralizar el financiamiento a las escuelas”. Pero ella va más lejos porque advierte que es necesario “desarmar las cajas negras de las administraciones centrales, comunes en el sector”. Lo raro es que mientras hace esta gravísima denuncia, objeta el proyecto que reduciría la influencia de las administraciones a favor de las escuelas.
El “Estado ausente” que nunca se fue.
La imprecisión se transforma en contradicción cuando se sostiene que las escuelas no están “atrapadas” por una estructura estatal que fracasó, como yo afirmo, sino “dejadas a su suerte”. Pero… ¿quién las dejó su suerte? ¡El Estado! Y si están dejadas a su suerte por el Estado, ¿cómo no van a estar atrapadas por la lógica estatal dentro de la gobernabilidad construida en este consenso de largo plazo? Incógnitas.
Con esta enredo discursivo, se afirma que el modelo educativo iniciado en 1993 tuvo problemas porque las autoridades no actuaron a la altura de las leyes. Por eso, la patria pedagógica ya desde los 90 pero sobre todo desde 2003, jura solemnemente que el problema no es el Estado sino “la ausencia del Estado”. Hoy resulta evidente que no hubo ausencia de Estado. Que hubo una dirección y que muchas veces su accionar cosmético fue evidente.

Es muy cansador el mantra “las leyes educativas son buenas pero no se cumplen”. Gente, si no se cumplieron es porque no son buenas y sus proclamas ditirámbicas de equidad, calidad y ampliación de derechos fueron el relato para que durante todos estos años aumente la inequidad, baje la calidad educativa y los derechos solo se ampliaran en los spots de Fútbol para Todos.
El otro tema que merecería una mirada más compleja es el de los alcances de la autonomía en las escuelas. Mientras la antigua funcionaria denuncia la oscuridad por parte la administración educativa provincial, pregona autonomía “sin abandono” del Estado. O sea, quiere que las administraciones abjuren de las supuestas cajas negras y “acompañen” a las escuelas porque -dice la ex Ministra- que las leyes vigentes lo permiten Y si nunca se hizo, se hará. El lunes arrancamos la dieta, el gimnasio y la autonomía escolar. Es promesa.

El núcleo del Proyecto de Libertad Educativa es el cambio de eje de poder de las burocracias estatales a las escuelas estatales como centro de toma de decisiones. ¿Por qué? Porque media biblioteca dice que eso es lo que hay que hacer para mejorar y a la otra media biblioteca ya se la probó y no funcionó.
Otro karma que resplandece en la nota, y en la voz de muchos otros expertos, son los slogans contra “la privatización de la educación” que, ¡ay las vueltas de la vida! a la ex ministra le endilgaron injustamente en sus épocas. Toda una impostura intelectual que escamotea que el apoyo económico y financiero a las escuelas privadas se sistematiza en 1947 (primer peronismo) el despegue es en los 60, se estabiliza en los 90s, y se dispara en los 2000, cuando se defendía lo público La “privatización” está en constante crecimiento desde hace 80 años, particularmente durante la “década ganada”. Pero si antes privatizaba Menem, ahora será Milei.
Al final del día, todo es más sencillo: si durante los últimos treinta años tuvimos leyes geniales que, por razones misteriosas, no se cumplieron, la verdadera revolución copernicana consiste simplemente en admitirlo. ¿Nos hacemos cargo? El sistema educativo argentino antes que la parafernalia de relato vacío sobre “equidad”, “calidad” o “seguimiento de las trayectorias” necesita de honestidad -incómoda, lo admito- para reconocer que lo que fracasó no fue la voluntad de los funcionarios, ni la resistencia al cambio de los docentes, ni la falta de puntería de los expertos (aunque esto un poco si, convengamos) sino un formato interpartidario fracasado que algunos siguen defendiendo como si fuésemos Finlandia
Pero estoy pidiendo demasiado, lo sé.

Substitua a palavra “Argentina” por “Brasil” e é idêntico!!!!